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La Alianza por la Restauración pide un Plan Nacional más ambicioso

Veröffentlicht 01.10.2026

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La Alianza por la Restauración pide un Plan Nacional más ambicioso

Imagen: Pedro Riera Llompart. Cedida con fines de conservación a MARE.

En un año marcado por el calor extremo y los grandes incendios forestales, la Alianza reclama reforzar el plan para que cumpla de forma efectiva los objetivos del Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza: recuperar los ecosistemas degradados, frenar la pérdida de biodiversidad y reducir la vulnerabilidad del territorio y del medio marino frente al cambio climático y los fenómenos extremos. 

Tras la presentación por parte del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) del primer borrador del Plan Nacional de Restauración (PNR) ante la Comisión Europea, la Alianza por la Restauración de la Naturaleza pide al Gobierno y a las Comunidades Autónomas que mantengan el impulso y aprovechen los próximos meses para incorporar mejoras que permitan que el plan cumpla verdaderamente con los objetivos del reglamento europeo. España necesita que este plan pase del papel al territorio y al mar y empiece a traducirse en ecosistemas más sanos y resilientes frente a fenómenos extremos cada vez más frecuentes.

La urgencia es cada vez más evidente: España afronta una tendencia hacia veranos más cálidos y prolongados, con olas de calor cada vez más intensas y frecuentes y una creciente irregularidad de las precipitaciones, que agrava los periodos de sequía y el estrés de los ecosistemas. En lo que va de año, los incendios forestales han afectado a más de 275.000 hectáreas forestales, un 153 % por encima de la media de 2016-2025, y se han registrado 45 grandes incendios forestales. También, el medio marino ha sufrido condiciones excepcionales: Copernicus registró durante el verano olas de calor marinas en el Mediterráneo occidental y temperaturas superficiales récord para agosto en amplias zonas de los mares europeos.

Para la Alianza, estos episodios muestran la urgencia de restaurar la naturaleza para reducir la vulnerabilidad del territorio frente a estos fenómenos extremos.

Pese a su clara insuficiencia, la presentación del primer borrador del Plan Nacional de Restauración ha sido un paso importante, pero la fase decisiva empieza ahora. El documento remitido a la Comisión Europea es provisional y todavía queda prácticamente un año para definir el plan. España tiene ahora la oportunidad de dotarse de una hoja de ruta capaz de actuar sobre esas vulnerabilidades. El próximo año será crucial para conseguir que el Plan Nacional de Restauración sea una herramienta eficaz, con prioridades claras, recursos suficientes y resultados medibles, que cumpla como mínimo con los objetivos del reglamento europeo, y que la restauración deje de ser una suma de proyectos para convertirse en una política capaz de transformar y recuperar realmente nuestros ecosistemas. Asimismo, ahora que ya existe un borrador concreto del PNR, es fundamental que las próximas fases permitan una participación real sobre su contenido, de forma que Administraciones, comunidad científica, organizaciones y otros sectores sociales puedan analizar las prioridades, medidas y ámbitos seleccionados, plantear alternativas y contribuir a mejorar el plan antes de su aprobación definitiva.

La Alianza reclama asimismo incorporar un diagnóstico previo de las causas de degradación que condicionan la recuperación de cada ecosistema y explicar con mayor claridad cómo se han definido las superficies y objetivos de actuación incluidos en el borrador. Antes de 2030, el PNR prevé actuar sobre 9.475 km² de hábitats terrestres, costeros y de agua dulce, 288 km² de hábitats marinos, 3.241 km² de ecosistemas forestales y 1.982 km² de ecosistemas agrarios, y recuperar 65 km de ríos de flujo libre, además de intervenir sobre llanuras aluviales, ecosistemas urbanos, polinizadores y hábitats de especies. Para la Alianza, la revisión debe aclarar qué criterios ecológicos, territoriales y de priorización sustentan estas cifras y cómo se traducirán sobre el terreno y las áreas marinas, evitando una mera suma de superficies y actuaciones dispersas. El plan debe responder a una lógica estratégica, con coherencia territorial y conectividad entre actuaciones, y garantizar que los objetivos cuantitativos se traduzcan en mejoras ecológicas reales, verificables y duraderas tanto en el territorio como en el medio marino.

“La restauración requiere una priorización ecológica y territorial y no puede depender de actuaciones aisladas de una única Administración. Necesita continuidad y objetivos compartidos”, afirman las organizaciones integrantes de la Alianza. Por ello, reclaman reforzar la cooperación y coordinación entre el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO); el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA); las comunidades autónomas, las confederaciones hidrográficas y el resto de organismos competentes. En el medio marino, donde la Administración General del Estado y el MITECO ejercen competencias especialmente relevantes y directas, la Alianza reclama un esfuerzo mucho mayor para elevar la ambición del plan y concretar actuaciones suficientes para alcanzar los objetivos de restauración.

Para trasladar el plan al territorio y al mar serán necesarios, además, recursos económicos. El actual borrador estima unas necesidades financieras medias de alrededor de 596 millones de euros anuales hasta 2050. Para la Alianza, esta estimación debe convertirse en una estrategia financiera pública, estable y suficiente, capaz de garantizar no solo la ejecución de las actuaciones, sino también su mantenimiento y seguimiento, en línea con la Meta 19d del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal. El éxito del plan no puede medirse, exclusivamente, por el número de hectáreas o kilómetros cuadrados en los que se haya actuado; el seguimiento deberá comprobar si aumenta la biodiversidad, mejora la estructura y funcionalidad de los ecosistemas, se recupera la conectividad, disminuyen las presiones que provocaron su pérdida y degradación, y aumenta la resiliencia del territorio frente a fenómenos extremos y al cambio climático.

Para la Alianza, los próximos meses serán decisivos para convertir el borrador en una verdadera hoja de ruta de restauración. Para ello, las organizaciones piden reforzar su ambición y base científica, mejorar la gobernanza y prevenir nuevas degradaciones, garantizando además recursos suficientes y orientando las actuaciones hacia resultados ecológicos medibles y duraderos.