En medicina existe un principio básico que sitúa el bienestar del paciente en el centro: primum non nocere, es decir, «ante todo, no hacer daño». Imagina que estás enfermo porque fumas mucho y que el médico te receta un medicamento mientras te dice que sigas fumando como siempre. ¡Probablemente cambiarías de médico! El primer paso hacia la curación es eliminar la causa del problema; solo así el resto del tratamiento tiene posibilidades de éxito.
Con la restauración de la naturaleza ocurre exactamente lo mismo: antes de intentar recuperar un ecosistema degradado, hay que detener las presiones que lo han deteriorado.
Restaurar los ecosistemas marinos y terrestres es una prioridad urgente. El Reglamento europeo sobre la restauración de la naturaleza, aprobado en 2024, establece el objetivo de restaurar al menos el 20 % de los ecosistemas degradados antes de 2030 y el 100 % de aquí a 2050, y obliga a los Estados miembros a presentar sus planes de restauración antes del próximo 1 de septiembre.
Y, sobre todo, es una necesidad. Según los datos del Gobierno de España, solo el 9% de los hábitats de interés del territorio se encuentran en un buen estado de conservación.
Si tenemos en cuenta todo este contexto, es fácil prever que en los próximos años aumentará la financiación destinada a proyectos de restauración y, con ella, el riesgo de que se lleven a cabo iniciativas muy costosas pero poco eficaces.
El tiempo es limitado y las incógnitas que se plantean son muchas:
- ¿Cómo debe ser una buena restauración?
- ¿Tiene sentido restaurar un hábitat si los impactos que lo han degradado siguen presentes?
O, traducido en ejemplos:
- ¿Qué es más eficaz: la reintroducción de corales o su protección?
- ¿Debemos plantar esquejes de posidonia en una zona donde el riesgo de fondeos ilegales sigue intacto?
La primera Guía para la restauración ecológica en el mar Balear, elaborada por nuestras compañeras Nuria Salmerón, Margalida Monserrat y Tatí Benjumea, ayuda a responder a estas preguntas. El informe recopila el conocimiento científico disponible, analiza los distintos tipos de restauración posibles y llega a dos conclusiones esenciales:
- Al igual que ocurre en la medicina, para que una restauración funcione es imprescindible actuar sobre las presiones que han causado la degradación de los ecosistemas. Aquí se explica muy bien.
- Y, aun así, la mejor restauración es la protección.
En Marilles no somos nuevos en esta cuestión. Llevamos años trabajando por una restauración basada en la ciencia y centrada en espacios marinos clave.
Y tampoco estamos solos. Más de 30 entidades formamos parte de la Alianza por la Restauración, que trabaja para convertir esta cuestión en una política estructural del Estado.
Porque restaurar el mar es mucho más que una foto y un titular. Es recuperar parte de la vida que un día pobló nuestro entorno marino.